Historia Chella

Chella es un término de gran interés arqueológico, y es bien conocido gracias a las exploraciones e investigaciones. En la zona del barranco del Lobo existen una serie de covachas (la Alta de las Conchas, la de la Peña Gorda, la de la Bellota, y la de Vicente Vaello) en las que se ha recogido sílex y cerámicas que muestran una larga ocupación humana, desde el Mesolítico hasta los comienzos de la Edad de los Metales. De los tiempos del Eneolítico, se conocen restos en unas covachas.

De época ibérica aparecieron abundantes cerámicas con decoración geométrica pintada y fragmentos de vasos de barniz negro en los Secanos Altos. Cerca, en un barranco al noroeste, dos losas que sirven de puentecillo parecen ser restos de los umbrales de una casa romana.

Por último, en el Barranco, en una ladera de la Peña del Turco, se abren dieciséis covachas artificiales al parecer, la más baja a ocho metros sobre el fondo del barranco, recintos cuadrangulares de techo abovedado, de tres a cinco metros de lado y cuatro de altura, y cuya cronología se desconoce.

En época musulmana, Chella era una alquería que Jaime I donó a Pere Dovit, aunque más tarde se reintegró a la corona. En 1341, el rey la cedió a Tomás de Ulmis, del que pasó en 1356 al conde de Denia y después al ducado de Gandía. En 1611, Carlos de Borja expidió carta de población, tras la expulsión de los moriscos. Posteriormente perteneció al marqués de Bélgida.

A pesar de la existencia de restos arqueológicos de un poblado ibérico, situado en la partida de Los Secanos de Arriba, así como de una granja romana en la actual casa de Fulgencio y de restos de habitáculos musulmanes en las cuevas de la Peña del Turco, el actual municipio de Chella tiene su origen en una alquería musulmana, situada en la actual plaza de la Iglesia Vieja, en la que se aún se conserva una parte del muro de la mezquita con una hornacina con la Virgen de Gracia, patrona de la localidad. En 1244 Jaime I conquisto la comarca y contra él se rebeló Al-Azraq, caudillo musulmán, y con él los habitantes de Chella. Tras ser vencidos fueron expulsados, repoblando el pueblo con musulmanes leales al rey. La población fue dada en feudo, sucesivamente, a Tomás de Ulmis, al Conde de Denia, a Pedro Escintelles y al primer duque de Gandia (Alfonso el Vell), a cuya muerte pasó de nuevo a la Corona. Durante las Germanías los moriscos de Chella fueron forzados a bautizarse y la parroquia de Bolbaite se desmembró de la de Chella. Con Carlos de Borja, volvió a manos de los duques de Gandía y condes de Oliva; y en 1609 Felipe III ordenó la expulsión de los moriscos y Chella quedó totalmente abandonada hasta 1611. Fue entonces cuando se otorgó la carta puebla y se instalaron nuevos pobladores (los Llobregat, Granero, García, Esparza, Palop, etc.).

En este siglo crece la población a partir del casco medieval; los restos del castillo musulmán se quedan en la parte alta, hoy barrio de la Peña. Este desarrollo se consolida en el siglo XVIII cuando los señores feudales ya no son los Borja, sino los marqueses de Bélgida. En la guerra de sucesión Chella dejará de pertenecer a la gobernación de Játiva y pasará al corregimiento de Montesa con las vecinas localidades de Anna, Enguera y Estubeny. Todos estos pueblos estuvieron afectados por el terremoto de 23 de marzo de 1748, que destruiría la iglesia vieja de Chella, acelerando así la construcción de la nueva (1763) de estilo neoclásico y cruz latina, con torre campanario de esquinas orientadas a los puntos cardinales y que conserva su primera campana, María de Gracia, de 1789.

En este mismo siglo se experimentó un crecimiento económico muy importante: la transformación de secanos en huerta, gracias al descubrimiento de un nuevo manantial (El Abrullador) tal como reseña Cabanilles en su obra. En el siglo XIX, desaparecidos los señoríos territoriales, Chella se constituyó en municipios con el término municipal. En el censo de Madoz de 1840 la población era de 1.200 habitantes, cuya economía se basaba en el cultivo de trigo, maíz, cebada y en la producción de aceite, vino y seda. Durante la Restauración, la estructura social agrícola era de pequeños y medianos propietarios y jornaleros, cosa que provocó la aparición del caciquismo. Existe la leyenda, con tintes románticos, de que El Chato, personaje real al servicio del caciquismo, se hizo rodero (bandolero) por un desengaño amoroso. La filoxera acabó con el cultivo de la viña y la producción de vinos. Esto provocó numerosas emigraciones a Argentina y la extensión del cultivo del olivo.

De la época de la República y de la Guerra Civil, destaca aunque no por su actuación en la localidad, sino en el acuartelamiento de Paterna, la figura de Carlos Fabra Marín, sargento republicano que abortó la sublevación militar en Valencia y que terminó exiliado en París, condenado al ostracismo por los habitantes locales y partidos políticos afines hasta que se recupera su figura a través de ensayos y publicaciones al calor de la Ley de Memoria Histórica, salvo la excepción del traslado de sus restos mortales desde Francia a la localidad a finales de los años 80 . Con la llegada de la democracia y la vuelta de los emigrantes se mejoró la economía. La población activa abandonó el sector agrícola a favor de la construcción y de los servicios. La confección doméstica y la elaboración de puros caliqueños constituyeron una economía sumergida, que empleaba mayoritariamente mano de obra femenina.

En la actualidad, el desarrollo urbano continúa a partir del Paseo a través de los mismos ejes de crecimiento: las calles Higueral, Carlos Fabra, Federico Granero, Blasco Ibáñez, Miguel Hernández, la Paz y Valeriano Bellver y la avenida de la Constitución, que ha dejado de ser travesía urbana debido al desvío de la carretera. En dirección a Bolbaite, el pueblo se ha ampliado con el polígono industrial, articulado alrededor de la calle Primero de Mayo, cuyas travesías llevan los nombres de las partidas rurales del término. Desde hace una década, la población se ha incrementado con la llegada de personas procedentes mayoritariamente de países del Este de Europa, del Magreb y de Gran Bretaña, con lo que se abre una nueva etapa de convivencia.