Historia Anna

El origen de Anna es anterior a la etapa musulmana, aunque las primeras referencias documentales son de mediados del siglo XIII. El 22 de septiembre de 1244, Jaime I el Conquistador donó la villa de Anna a la Orden de Santiago en recompensa a la ayuda prestada en el cerco de Biar. En 1332 tuvo lugar la rebelión de la aljama sarracena de Anna, debido al embargo de ciertos bienes de éstos por parte del comendador Montalván. Alfonso el Benigno absolvió a los sarracenos con el fin de frenar el proceso de despoblación que estaba sufriendo el lugar. Años más tarde, la villa pasó a manos de Pedro de Vilanova y, posteriormente, a los Borja. El Rey de España, Felipe III creó en 1604 el Condado de Anna en la persona de Fernando Pujades y Borja.[1], y que finalmente perteneció a los Condes de Cervellón.

Tras la expulsión de los moriscos en 1609, Anna fue repoblada con cristianos de Enguera y de otros lugares. Actualmente es uno de los pueblos más prósperos de la Canal gracias al desarrollo industrial experimentado en los últimos años. El origen del topónimo de la Villa.[2] tiene sus raíces en el vocablo árabe Yanna, tal y como podemos encontrarlo en el Qur’án. De las distintas acepciones que posee nos centraremos en las que hacen referencia a la relación de la palabra con el territorio; de esta manera y sin abandonar las otras variantes, que por otra parte nos llevarían a conclusiones similares, nos encontramos una acepción que utiliza el término como huerto o jardín, de la voz latina ‘orti’ que los árabes adaptaron como ‘al-Yanna’, Alamedilla=‘la huerta’. Esta acepción explicaría la presencia de restos arqueológicos de la época romana en el entorno y el paraje en el que se fundó la ciudad, en la Alameda, junto a la primitiva fortificación o castillo.